PERCIVAL LOWELL Y LOS CANALES MARCIANOS

A finales del siglo XX, la astronomía ya se había consolidado como una ciencia formal y había obtenido las necesarias bases físico-matemáticas garantes últimas de la autenticidad de la estructura celeste propuesta, que abrió las puertas de la ciencia al estudio apasionante de las profundidades del espacio que se producirá durante los siglos venideros.
Fraunhofer en una demostración del espectroscopio. Joseph von Fraunhofer (1787- 1826) fue un astrónomo, óptico y físico alemán, reconocido por inventar el espectroscopio y por ser uno de los fundadores de la espectrometría como disciplina científica, técnica que proveyó a los astrónomos para analizar el firmamento.

Posteriormente, los acontecimientos y conocimientos empezaron a disparar la imaginación de la sociedad. Algunos creían y vaticinaban, no sin pocos seguidores, que el paso de los cometas podría ser mortal para los terrestres: la cola de algunos cometas presenta coloración verdosa por la presencia del venenoso gas cianógeno en ella, y durante su paso por la inmediaciones de la Tierra pensaban que una buena parte del planeta podría quedar sumergida en ella. Como se pudo comprobar, las aciagas perspectivas no se cumplieron nunca, pues a pesar de existir esta sustancia en la cola cometaria, su concentración es tan tenue que no provoca ningún tipo de contaminación.
Imagen del Gran Cometa de 1882 obtenida por sir David Gill

Otra de las fantasías que comenzaba a tomar cuerpo por entonces se relacionaba con la posible vida fuera de nuestro planeta, comenzaba a cobrar forma la existencia de extraterrestres. Precisamente fue un astrónomo el causante de uno de los fiascos más curiosos en la historia de la observación cósmica. Se trata del estadounidense Percival Lowell (1855-1916). Procedía de una familia adinerada y se graduó en en Matemáticas en la Universidad de Harvard en 1896. Poco a poco se fue apoderando de él la afición por la astronomía hasta el punto de construir, en 1894, su propio observatorio en Flagstaff ( Arizona), que hoy en día sigue en funcionamiento.  
Foto tomada a principios del siglo XX de Percival Lowell

El también astrónomo Giovanni Shiaparelli había enfocado su telescopio al planeta Marte y descrito su orografía en un libro publicado en 1893, La vita sul pianeta Marte. En él Shiaparelli describía la existencia de una serie de estrías en el suelo, no muy profundas, que se extendían de manera rectilínea por miles de kilómetros, que denominaba canali y que sugerían que eran el principal medio por el cual el agua podía desplazarse sobre la superficie del planeta. La equívoca traducción al inglés del término, que podía ser un elemento artificial o natural, llevó a Lowell a dejar volar su imaginación hasta límites insospechados. Estudió con su telescopio la superficie marciana durante casi quince años, la dibujó detalladamente y expuso su descubrimiento en tres libros, Mars (1895), Mars and its canals (1906) y Mars as the abode of life (1908). Las ideas de Lowell aventuraban un planeta con agua en los casquetes polares y carencia de ella en las zonas desérticas que cubrían la mayor parte de la superficie del planeta. Seres inteligentes serían los responsables de la construcción de los canales para transportar el agua, permitiendo así el desarrollo de la vida marciana.
Imagen dibujada por Lowell en donde aparecen los entramados reticulares que constituían los canales observados.

 Todo fue un espejismo, ningún otro astrónomo fue capaz de reproducir las observaciones de Lowell. Su ansia por ver rastros de inteligencia, unida a las limitaciones de las lentes telescópicas de la época, fueron los responsables de su ilusión.

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